Se dice que tal o cual Nación es multicultural cuando en ella conviven más de un pueblo, es decir, el propio, nativo, más los otros que se han ido anexando a través de los años como consecuencia de la inmigración y que ciertamente también se han asentado.
Este fenómeno multicultural ha ido in crescendo cada vez más en las naciones y resulta ser además de muy simple observación y detección, ya que no hará falta más que observar, contemplar, cualquier hecho distinto o llamativo que ocurre en cualquier parte del mundo y ver la gente que a el asiste o se encuentra involucrada para comprobar esta cuestión.
Por ejemplo, en la mayoría de las tragedias de las cuales lamentablemente fuimos testigos en los últimos años resultó un hecho recurrente el encontrar involucradas en ellas personas de diferentes orígenes, por ejemplo, en el atentado perpetrado contra las Torres Gemelas hace ocho años en el cual murieron asesinados miles de personas, había ciertamente individuos de origen netamente estadounidense por supuesto, pero también se registró la muerte de un millar de personas pertenecientes a otros orígenes y pueblos.
En tanto y si bien por supuesto la mayoría de las Naciones e individuos que sostienen y promueven la libertad entre sus principales máximas, defenderán y promoverán la existencia y supervivencia de lo multicultural, existen algunos peligros relacionados efectivamente a la cuestión como ser: crear crisis económica, producir exclusión en aquellos grupos minoritarios, la fragmentación de la sociedad en tantas partes podría acarrear la caída del debate público y la unidad democrática, entre los más graves destacados por aquellos expertos en el fenómeno.
El desafío es lograr una sociedad auténticamente plural y justa, en donde los diferentes pueblos y las diversas culturas convivan armoniosamente, los conflictos puedan resolverse por vías no violentas, y se respeten los derechos individuales, los colectivos y los de grupo. Esto requiere una profunda reforma que establezca nuevas relaciones entre el Estado y los pueblos de México, así como entre esos pueblos y el resto de la nación.
El Estado debe garantizar la participación en la vida pública nacional, en lo económico y en lo político, de los diversos pueblos, y no debería estar controlado por ningún grupo social, político o económico particular, sino que en él deberían participar representantes de los diferentes sectores sociales relevantes en el país, así como de los diferentes pueblos. El Estado debe servir a todos ellos, fomentando su desarrollo, y estableciendo y gestionando mecanismos para evitar, y en su caso para dirimir, conflictos entre los diferentes pueblos y entre diferentes sectores de la sociedad. Esto es lo que se conoce como un Estado plural.
Es necesario pues que la reforma del Estado mexicano incluya la rectificación de su política cultural y económica, orientada durante décadas hacia el ideal de una nación monocultural y hacia la exclusión de los pueblos indígenas del acceso y el control sobre los recursos naturales de los territorios donde viven, y en general de la toma de decisiones económicas y políticas sobre las cuestiones que afectan su vida. Se requiere ahora de un Estado plural que respete –y que garantice el respeto de toda la sociedad- a la identidad de los pueblos, y que establezca políticas que aseguren el florecimiento de todos ellos, empezando desde luego por su participación activa en las decisiones sobre el manejo apropiado de sus recursos naturales y de sus fuentes de riqueza.
En suma, para lograr una solución al problema de la multiculturalidad en México, que conduzca a mediano y a largo plazo una situación estable y legítima, se necesita que la sociedad política reconozca en pie de igualdad a todos los pueblos que forman parte del país, y que se lleve a cabo una reforma estructural de manera que se establezcan nuevas relaciones sociales, económicas, políticas y culturales entre pueblos, entre regiones y entre ellos y el Estado.
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